|
|
 |
| |
 |
| Historia |
 |
El territorio donde se asienta Bilbao estuvo poblado
desde muy antiguo, desde mucho antes de su fundación como villa.
Así lo atestiguan los hallazgos arqueológicos, escasos pero contundentes,
encontrados en su subsuelo. La historia de Bilbao propiamente
dicha, se inicia con la Edad Media, cuando aparece ya como un
embrión de enclave comercial, que comienza a desarrollarse desde
los primeros momentos del medievo.
La capital de Bizkaia se fundó con una marcada
vocación industrial,
mercantil y marinera. El señor de Bizkaia, Don diego López
de Haro, le otorgó en 1.300 el título de villa,
pero ya para entonces eran bien
conocidos los rasgos que han definido a Bilbao a lo largo de la
historia.
En su inicial desarrollo hay que anotar la influencia
del Camino Jacobeo
de la costa. El viejo puente a orillas de la Ría permitia vadear
dicho
entrante de mar a los peregrinos que caminaban hacia Santiago
de Compostela, lo cual daba lugar
a un continuado trasiego comercial y cultural. Bilbao era, además,
un punto límite del camino terrestre que procedente de Castilla
y atravesando el Señorío de Bizkaia, buscaba el
mar y la ensenada marinera de la Ria que servía
de puerta para introducir mercancías extranjeras hasta las Ferias
de Castilla y para exportar la lana castellana hacia los países
del Centro y Norte de Europa.
El hierro de las minas próximas a Bilbao, conocido,
apreciado y explotado
ya por los romanos, había posibilitado la existencia de
gran número de ferrerías en las márgenes
de ambos ríos, apuntando el futuro desarrollo
que tendría la siderurgia en la zona. El hecho de que la
ría fuera navegable durante un largo trecho permitió
igualmente que en los muelles del primitivo enclave urbano, alejado
de la costa y los peligros que acechaban en mar abierto, se cargaran
con relativa tranquilidad todas las mercaderías castellanas
con destino a Europa, especialment la lana y el hierro de las
ferrerías vizcaínas, muy pareciado en todo Europa
desde la Edad Media.
Precisamente,
allí a donde morían las mareas, entre ambas orillas del río, que
ya
era ría, donde confluían los caminos de
Francia y de Castilla, por los que llegaban y salían los peregrinos
jacobeos, los comerciantes y los viajeros, allí se fundó
la Villa de Bilbao. De su ubicación primitiva
en la orilla izquierda, en lo que hoy se
conoce todavía como "Bilbao la Vieja", la puebla de Bilbao saltó
a la
margen derecha de la ría.
Desde esos muelles del Casco Viejo mantuvo Bilbao
sus relaciones comerciales norteuropeas de la Baja Edad Media
y las atlánticas de los primerso siglos de la Modernidad. Los
mercaderes de la villa crearon
una Cofradía de Mareantes y mantuvieron intensas relaciones con
Brujas, Nantes y otras villas marítimas del atlántico europeo.
Después comenzó
el comercio con Inglaterra y más tarde con las colonias de América.
Bilbao y el Señorío entraron así en la Carrera de Indias.
Pronto, el recinto urbano se quedó pequeño para una población
en
continua expansión. El desarrollo comercial que vivía la ciudad,
obligó a superar el derecho corsé de las murallas y extender sus
tentáculos
más allá del casco primitivo. A mediados del s. XV, cuatro calles
más s
e unieron en paralelo a las tres calles anteriores. Nacieron así
las Siete Calles -Zazpi Kale- denominación que siempre ha tenido
la zona antigua
de la ciudad, al tiempo que sustituyendo a la preexistente ermita,
se levantó la Catedral de Santiago, apostol que es el Patrono
de la Villa.
Con la llegada de los Ferrocarriles, la vía ancha
en 1.875 y la vía estrecha
en 1.890, la vieja Villa no podía contener en sus estrechos límites
aquel crecimiento insospechado. Bilbao se decide a dar el gran
salto y se
plantea la necesidad de una ampliación o Ensanche, cuyo primer
plan ya databa del año 1.876,
según conceptos de los arquitectos Severino de Achúcarro, Ernesto
Hoffmeyer y Pablo de Alzola. Dando un salto sobre la Ría, la Villa
va a cuadricular urbanísticamente una amplia terraza fluvial en
la margen izquierda. Así comenzó la creación de un Bilbao más
amplio, de calles rectilíneas y abiertas, de plazas circulares
y avenidas, alamedas y paseos, sobre las antiguas campas y huertas
de Albia, en la vecina y anexionada de Abando. Es este el Bilbao
moderno, de casas burguesas señoriales, de excelente arquitectura
finisecular, de ejemplar urbanismo...
El actual Puente del Arenal fue el símbolo de la expansión del
Bilbao antiguo hacia el primer
Ensanche del siglo XX. Así, al otro lado de la Ría,
se establecieron las instituciones financieras,
la nueva Bolsa y las sedes de las compañías
navieras, siderúrgicas, industriales y mercantiles.
La Gran Vía D. Diego López de Haro, se convirtío
en la auténtica arteria vital del Bilbao Moderno,
desde la cual se organizó la vida urbana y el
entramado de calles del Ensanche.
Las primeras décadas del siglo XX fueron providenciales
para Bilbao
porque, con el crecimiento económico, se desarrolló paralelamente
un movimiento cultural sin precedentes. En contacto con los núcleos
más importantes de la época, Londres y París sobre todo, hubo
una eclosión
a la que no fueron ajenos los mecenazgos de la aristocracia mercantil
e industrial. Poetas, músicos, pintores y escultores encontraron
un marco
más propicio para la creación y la búsqueda de nuevas formas de
expresión. Algo de ese momento de esplendor ha quedado reflejado
en
la estela urbana, en sus edificios y también en sus museos. El
Bilbao de
la postguerra civil fue una ciudad con un crecimiento espectacular,
aunque a veces desordenado, a la que acudieron gentes de todo
el
Estado para alimentar una industria en pleno proceso de expansión
que necesitaba mano de obra.
El crecimiento de Bilbao y su área metropolitana durante
este siglo
ha estado muy
vinculado al desarrollo industrial de la margen
izquierda de la ría, en la que se establecieron, entre
otras muchas empresas, los Altos Hornos de Vizcaya. En la actualidad,
la actividad industrial ha decrecido o se ha transformado, y Bilbao
no responde al tópico de ciudad
gris y contaminada.
En la "década prodigiosa" de los noventa, la última del siglo
XX, el nuevo Bilbao se pone en marcha. Con unas inversiones que
se acercarán a casi tres billones de pesetas, el Plan de Revitalización,
aunando los esfuerzos públicos con los privados, ha generado diversos
proyectos emblemáticos
que han transformado la nueva imágen internacional de esta Metrópoli
vasca.
La reordenación del territorio, la desaparición de las ruinosas
fábricas y
la implantación de nuevas áreas empresariales, siguió el saneamiento
profundo de las aguas de la propia Ría, con una consiguiente regeneración
medioambiental que unida a la restauración arquitectónica de la
Villa, ha convertido a Bilbao en una ciudad con mayor calidad
de vida que antaño.
En la actualidad, la actividad industrial ha decrecido o se ha
transformado,
y Bilbao ya no responde al tópico de ciudad gris y contaminada.
|