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Historia de San Sebastián |
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Donostia-San Sebastián fue en su origen un
pequeño núcleo de pescadores que existió
desde muy antiguo, situado en el barrio del Antiguo, alrededor
de donde hoy se ubica el palacio Miramar. Su nombre original era
Izurum, aunque en algunos escritos Romanos viniera citado como
Easo.
El origen del nombre Donostia, proviene de la evolución
de donebastián, contracción a su vez de "done"
(santo en Euskera) y "Sebastián".
Los
habitantes vivían cara al mar y fueron conocidos, ya en
la Edad Media, por la caza de la ballena y por la pesca del bacalao,
llegando en su persecución hasta los bancos de Terranova.
Paralelamente a la pesca fue desarrollándose, a partir
del siglo
XIV, un próspero comercio marítimo,
llegando a ser el puerto del Reino de Navarra. En sus muelles
se
embarcaba el aceite y el vino para Francia, Inglaterra y Flandes.
A pesar de ser plaza fronteriza y haber sido atacada
en muchas ocasiones, pocas veces cayó en poder de los agresores.
En cambio, sufrió numerosos incendios y fue parcialmente
destruída por el fuego en doce ocasiones. El último
y más dramático incendio se produjo en 1813, cuando
Donostia-San Sebastián, donde se habían refugiado
parte de las tropas napoleónicas que se batían en
retirada, fue asediada y posteriormente destruida por las
tropas aliadas anglo-portuguesas y españolas. La destrucción
fue total, sin embargo, los habitantes, reunidos en Zubieta, decidieron
reconstruir la ciudad. Durante el medio siglo que va de 1813 a
1863, se consagran denodadamente a levantar de nuevo la ciudad,
que entonces se limitaba
a la Parte Vieja.
A lo largo del siglo XIX, se sumió en un declive que fue
interrumpido
cuando el médico de la reina Isabel II recomendó
a la soberana que
tomara baños de mar en el Cantábrico para tratar
la enfermedad cutánea que padecía. Isabel II eligió
Donostia-San Sebastián y llegó a la ciudad en 1845
acompañada de toda su corte, extendiendo el hábito
del veraneo donostiarra , que se mantendría durante muchas
décadas y convertiría Donostia-San Sebastián
en la ciudad balnearia y turística más famosa y
concurrida de la península.
El origen del moderno Donostia-San Sebastián
se remonta a 1863, año en que Isabel II accedió
a una de las peticiones más reiteradas de los donostiarras,
el derribo de las murallas que impedían la expansión
de la ciudad. Al desaparecer éstas, la ciudad se extendió
rápidamente sobre las marismas desecadas en las que se
asienta en la actualidad. El centro de la actual ciudad es el
resultado de aquel ensanche decimonónico.
San Sebastián fue pionera en la instalación
del tranvía, el alumbrado eléctrico
en las calles y el teléfono, entre otros adelantos. La
ciudad atraía a visitantes de todo el mundo, principalmente
en los primeros años del siglo XX, coincidiendo con la
Gran Guerra Europea y con los llamados "felices años
20". Su desarrollo demográfico fue acelerado: pasó
de tener 20.823 habitantes en 1880 a 65.930 en 1925. Por aquellos
años se construyeron muchos de los bellos edificios que
se pueden contemplar en el centro de la ciudad, como el Hotel
María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia o el propio
Ayuntamiento, que al principio fue destinado a Casino, hasta que
se trasladó allí el consistorio en 1947.
A partir de la guerra civil se incrementó
la industrialización, por lo que creció la población
y se construyeron más casas. Fueron años de desarrollo
un tanto incontrolado para dar respuesta a las demandas de vivienda,
lo que produjo algunas actuaciones urbanísticas desafortunadas.
Donostia-San Sebastián continúa evolucionando y
por eso se aprobó en 1996 el Plan General de Ordenación
Urbana, cuya función es diseñar una ciudad moderna
para los umbrales del siglo XXI.
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