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Tributo de las tres vacas:
Esta ceremonia que se desarrolla ininterrumpidamente cada
trece de Julio desde hace más de seiscientos
años tiene su origen en el conflicto que se dio en
su día entre roncaleses y baretoneses y cuyo motivo
no está definitiva e históricamente probado.
La leyenda habla de que el origen de la confrontación
estuvo en la reyerta mantenida entre un Roncalés
y un Baretonés, que desembocó en sucesivas
emboscadas que terminaron con el pacto del Tributo.
Por otro lado parece más fiable la versión
que habla de conflictos por el derecho sobre pastos y fuentes
que se tradujo en diversos episodios de violencia entre
los de uno y otro lado de las vertientes pirenaicas, y que
terminó en el tratado de paz que secularmente se
conmemora.
El acto consiste en una ceremonia popularizada recientemente,
en la que se reúnen los alcaldes de los pueblos de
los valles de Baretous y de Roncal, en el lugar llamado
piedra de San Martín.
Los Roncaleses van ataviados con sus indumentarias tradicionales
y los Baretoneses con una banda al pecho. El alcalde de
Isaba, presidente de la ceremonia, pregunta por tres veces
a los Baretoneses, si están dispuestos, como en años
anteriores, a pagar el tributo de las tres vacas, "del
mismo dentaje, pelaje y cornaje"; los alcaldes galos
contestan afirmativamente. Acto seguido uno de los alcaldes
Baretoneses coloca su mano derecha sobre el mojón
(punto de reunión). Sucesivamente superponen sus
manos los roncalés y los galos. El alcalde de Isaba
coloca la suya encima de todas las demás y pronuncia
las palabras rituales pax avant pax avant pax avant repetidas
por los franceses.
Después el veterinario de Isaba reconoce las vacas
entre las que elige tres con las condiciones previstas (dos
años sin defectos y sanas), que son aceptadas; Tras
entregar recibo de las vacas a los bearneses se procede
al nombramiento de cuatro guardas para la custodia de los
puertos faceros de Erlanz y Leja. El presidente les toma
juramento y concluye con "si así lo hacéis
Dios os lo premie y si no, os lo demande".
El complemento feliz de este tradicional acto es un banquete.
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