Sangüesa contó con una densa implantación
Romana. La primitiva villa "Sangüesa la vieja",
que se identifica con el actual Rocaforte, desempeño
en el siglo X una importante labor en la defensa contra los
musulmanes, en sus intentos de acceder al reino pamplonés.
Fue el monarca Sancho Ramírez el que nos concedió
hacia el año 1090 el fuero de Jaca, al primer núcleo
de población "franca" y Alfonso I el Batallador
el que lo extendió (1122) al "burgo nuevo"
desarrollado sobre el emplazamiento actual de la ciudad. Sangüesa
fue luego centro de una "tenencia" encargada de
controlar la frontera de Aragón y desde mediados del
siglo XIII se instituyó en la cabeza de la merindad
que lleva su nombre.
Con motivo de la victoria contra los aragoneses, que los
sangüesinos consiguieron en Vadoluengo (1312), el rey
Luis Hutin les concedió que junto al castillo de
su escudo añadieran las barras rojas de Aragón
sobre campo de plata añadiéndole por timbre
una corona abierta y la leyenda: LA QUE NUNCA FALTO.
Una crecida del río hizo que la reina Blanca le
otorgara, a Sangüesa, los privilegios de mercado (1430).
En la guerra de sucesión española estuvo ocupada
(1710) por las tropas partidarias del archiduque Carlos
de Austria. Tras los estragos producidos por una riada en
1787 se proyectó un cambio de emplazamiento.
Sangüesa tuvo siempre asiento y representación
en las Cortes de Reino por el brazo de las "universidades".
Además, Sangüesa fue el lugar de nacimiento
de Antonio eslava (1570) y del teólogo carmelita
Raimundo Lumbier y Angel (1616-1691). También ocurrió
en un lugar próximo a Sangüesa un encuentro
entre los Reyes García Ramírez y Ramiro II
para tratar de evitar la separación definitiva de
sus monarquías de Navarra y Aragón.
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