Al valle de Roncal se puede entrar por varias
carreteras: desde Salazar se llega por el puerto de lazar
o por Vidangoz, desde Navascués por "Las Coronas",
desde el canal de Berdún, por Salvatierra de Esca,
desde el Valle de Ansó por Garde o por Belabarce, y
desde Francia por el puerto de Ernaz
o de la Piedra de San Martín. Ninguno de de tales accesos
carece de interés geográfico y paisajístico;
a este respecto son especialmente interesantes.
Partiendo
de Navascués, atravesamos el pueblo y seguimos hasta
el merendero-mirador del alto de Las Coronas. Abajo del puerto,
a orillas del Esca y encaramado a un promontorio se encuentra
Burgui, el primer pueblo roncalés. Tiene
un bello puente medieval, bajo el que, una vez al año,
vuelven a pasar las almadías recordando el antiguo
quehacer maderero de muchas gentes del valle. A la salida,
un desvíode 9 km lleva hasta Vidángoz,
pueblo roncalés que enlaza con Igal y el Valle
de Salazar.
Volviendo a la NA-137, justo donde se alza la fábrica
de Enaquesa, que elabora queso de Roncal, se toma la carretera
a Garde. En su iglesia, de
los siglos XVI y XVII, se venera la talla románica
tardía de la Virgen de Zuberoa.
Otra vez en Enaquesa, llegamos a la villa de Roncal,
con su iglesia en alto
y su apretado caserío desparramándose hacia
el Esca, frente al barrio del Castillo. Como los anteriores,
Roncal es un pueblo pirenaico, de calles empedradas y
casonas de piedra y tejados de teja curva. Es la patria
chica del gran tenor Julián Gayarre, a quien dedica
una casa-museo y un belllísimo mausoleo -obra de Benlliure-
en el cementerio. A la salida se ha instalado un Centro de
Interpretación de la Naturaleza y las oficinas de turismo.
El
valle vuelve a cerrarse, transformado casi en la cinta del
Esca, hasta Isaba. Pero antes atraviesa Urzainqui,
cuyo barrio principal se alinea, con su iglesia parroquial,
a lo largo del río. A este otro lado, sobre la carretera,
se alza la ermita gótica de Nuestra Señora de
San Salavador.
Sobre un cerro, rodeada por los ríos Belagoa y Uztárroz,
y bajo la mole tallada a pico de la peña de Ezkaurre,
Isaba es el prototipo de villa pirenaica, coronada
por la torre defensiva de su iglesia gótica. Es i¡una
población muy animada, sobre todo en verano y fines
de semana, centro de las excursiones a los valles de Belagoa
y Belabarce. La carretera de Belagoa atraviesa el valle para
ascender a las pistas de esquí de fondo, al impresionante
paisaje del karst de Larra, a al piedra de San Martín,
muga donde se celebra el tributo de las Tres Vacas, y a al
estación de esquí alpino francesa de Arette.
El último pueblo roncalés, camino del alto de
Lázar, es Uztarroz. Antes, a mano derecha, una
pequeña foz da paso al recoleto y escondido valle de
Mintxate.
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